Ocho tumbas históricas que se han convertido en monumentos

El ser humano siempre ha sentido la necesidad de despedir a los suyos. Eso sí, cada sociedad, civilización y religión lo ha hecho a su manera por lo que, hoy en día, podemos encontrar vestigios de diferentes ritos funerarios repartidos por todo el mundo. Lugares y destinos relacionados con la muerte tan impresionantes que han convertido el necroturismo, o turismo de cementerios, en una tendencia creciente entre los viajeros, sobre todo en fechas señaladas como el próximo día 1 de noviembre, Día de Todos los Santos.

 

Así, y con motivo de esta conmemoración, desde Musement, plataforma de reserva de actividades en destino, han seleccionado ocho tumbas y  mausoleos en los que podemos descubrir cómo afrontaban la muerte nuestros antepasados.

 

Newgrange (Dublín, Irlanda). Se trata de una de las cámaras funerarias neolíticas más antigua y grande de Europa. Este túmulo (montículo de piedras y arena levantado sobre una tumba) forma parte del complejo arqueológico Brú na Bóinne, una necrópolis prehistórica, anterior a la Gran Pirámide y a Stonehenge, declarada Patrimonio de la Humanidad. Newgrange mide 80 metros de diámetro y está adornado con una espiral de piedras. En su interior hay un pasadizo de 18 metros que conduce a una cámara cruciforme con un techo que se eleva 6 metros. Además, esta construcción está orientada de tal manera que cada 21 de diciembre, coincidiendo con el solsticio de invierno, el sol ilumina por una ventana el suelo de la cámara hasta su centro.

Anta Grande do Zumbujeiro (Alentejo, Portugal). Este  dolmen, descubierto en 1960, es el más grande de Europa. Sus piedras miden más de 6 metros de alto y forman una cámara que supera los 50 metros de diámetro. A través de la entrada se accede a un pasillo que nos lleva hasta una cámara poligonal con siete columnas que, supuestamente, se usaba como cámara funeraria. La construcción de este monumento megalítico está datada entre 3.000 y 4.000 años a.C, coincidiendo con el periodo neolítico.

Naveta des Tudons (Menorca, España). En la isla de Menorca podemos encontrar una tumba colectiva que fue utilizada desde el año 1200 hasta el 750 a.C. Durante su restauración, a mitad del siglo pasado, se recuperaron restos de, al menos, 100 personas así como objetos personales colocados durante los rituales: pulseras, cerámica, armas…Para su construcción se usaron solo piedras que fueron encajadas, sin necesidad de usar mortero. Esta cámara funeraria, perteneciente a la cultura talayótica de las Islas, se considera el edificio más antiguo de Europa gracias a su buena conservación.

Tumbas de Sillustani (Puno, Perú). La cultura Kolla enterraba a sus miembros en unas tumbas con forma de torreones circulares, llamadas chullpas. No obstante, antes de ser enterrados junto a sus pertenencias, se momificaba a los cadáveres en posición fetal. En el complejo de Sillustani se encuentran tumbas de diferentes épocas pero todas tienen características similares como, por ejemplo, que la entrada estaba siempre hacia el este, la cámara tenía forma de bóveda o todas disponían de un revestimiento exterior con piedras labradas.

Necrópolis romana de Carmona (Sevilla, España). La incineración era uno de los rituales utilizados en esta necrópolis que data del siglo I y II d.C. En ella, destaca, además, el conjunto de cámaras funerarias subterráneas donde se depositaban las urnas. No obstante, los mausoleos eran la forma más habitual de enterramiento en esta necrópolis situada a las afueras de Sevilla. Entre los elementos más destacados del complejo funerario se encuentra la Tumba del Elefante.

Tumbas Saadíes (Marrakech, Marruecos). Este cementerio real, descubierto en 1917, se encuentra en un jardín cerrado junto a la mezquita de la Kasbah en Marrakech. Su impresionante decoración y su línea arquitectónica pura, hacen que se le considere como uno de los mejores ejemplos de la arquitectura del país. El mausoleo principal, donde está enterrado el sultán saadí Ahmed el Mansour, cuenta con doce columnas de mármol blanco que sostienen una cúpula de madera tallada. Mientras que, el segundo, de forma cuadrada, cuenta con dos salas laterales.

Mausoleo de Qin Shi Huang (Xian, China). Qin Shi Huang, primer emperador de China, fue quien dio la orden de construir este inmenso mausoleo que mide más de dos kilómetros cuadrados de superficie y que, sumado a otras tumbas, ocupa más de 60 kilómetros. En total, se tardó más de 38 años en construirse pero, sin duda, valió la pena ya que en él no solo se encuentra la tumba del emperador, que aún no ha sido abierta, sino que también alberga más de 8.000 figuras de terracota que representan a guerreros y caballos del ejército a tamaño real. Estas figuras se conocen comúnmente bajo el nombre de ‘Los guerreros de Xian’ y son Patrimonio de la Humanidad.

Tumba de Humayun (Delhi, India). En la ciudad de Delhi podemos encontrar un increíble complejo funerario centrado en la tumba del segundo emperador mongol Humayun. La sala principal donde descansan los restos del emperador es octogonal, al igual que las salas que la flanquean. La tumba del emperador está construida con arenisca roja y dispone de detalles en mármol. Además, es la primera tumba-jardín y gracias a su belleza arquitectónica mongola muchos la consideran como antecesora del Taj Mahal.